SEÑA DE IDENTIDAD “MUCY”

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Supongo que podéis imaginaros lo que nuestro vino, nuestro Mucy, es para nosotros, su trascendencia y el espacio que llena, por eso hoy es el día en el que quiero contaros el por qué, el por qué de su nombre y de su imagen.
No hay que pensar mucho para buscarle un sentido a su nombre. Tampoco hay que irse muy lejos, tan sólo a 11 kilometros de Valladolid capital, allí encontraremos a Mucientes, nuestra tierra. El nombre de nuestro pueblo, el que nos ha visto nacer y crecer, el que nos ha inspirado y nos va guiando en esta aventura tenía que estar presente en nuestro vino. Esta tierra que ciñe los sarmientos, que los ve brotar, que los alimenta desde las primeras hojas, las primeras flores, los primeros frutos hasta su vendimia.
También algo de nuestro pasado, de nuestra infancia, de lo que es nuestra vida aparece en su nombre. Y es que, siendo colegiales, en las aulas, no éramos conocidos por nombre y apellido, se nos identificaba con un apodo, con el de nuestro pueblo natal, éramos los Mucy. Otra vez tierra. Otra vez orgullo, otra vez Mucientes. Merecido homenaje.
Y aunque nuestro vino rezuma a Mucientes por todos sus lados, no quisimos quedarnos ahí. Junto con la tierra, su fruto y nuestro trabajo, quisimos acompañarle de un trozo de este pueblo. Ahora sí, es el turno de dar significado a nuestra etiqueta, un logotipo inequívoco para los lugareños y con el que de seguro nos identificareís: el perfil de un palacio que se sitúa en la parte más alta de nuestro pueblo, un palacio antaño usado por los condes de Ribadavia, testigo mudo de asaltos o cobijo de Juana la Loca en su visita.
De nuevo mi memoria se retrotrae a la infancia, a las tardes de juegos a reyes y reinas, a princesas y caballeros de un palacio en ruinas. Nuestro palacio. Nuestra tierra. Mucientes.
Ya veis, como ser vivo que es, nuestro vino cuenta con un nombre y una etiqueta que son sus /nuestras señas de identidad. Y no sólo eso. Nuestro Mucy tiene su alma. Porque todo lo que nace desde la pasión, el orgullo y el trabajo no puede no tenerla.
Y así, con una copa en la mano y mirándoos a los ojos os decimos “chin-chin salud” y hasta la próxima!

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